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Relatos de quienes han tenido un vínculo de vida con este periódico
Gracias a personas como Carlos y Josefina, EL TIEMPO llega a los hogares colombianos todos los días.
Carlos Rincón es el distribuidor más antiguo que tiene actualmente el periódico. Foto: Mauricio Moreno / EL TIEMPO
Miguel Ángel Muñoz y Gladys López han seguido por décadas una rutina en común: cada mañana, sin falta, disfrutan con la lectura del periódico. Y gracias a personas como Carlos y Josefina que EL TIEMPO puede llegar a las casas de los hogares colombianos.
Lector ejemplar
Con una memoria privilegiada a sus 82 años, don Miguel Ángel Muñoz es fiel lector de EL TIEMPO desde los diez años. Foto:David Rendón Arévalo
Todos los días, con la exactitud de su antiguo reloj suizo, a las seis de la mañana, don Miguel Ángel Muñoz Rivera, impecable y rasurado, recoge el ejemplar de EL TIEMPO en la portería de Parque de los Ángeles, su conjunto habitacional, en el sur de Bogotá.
Al calor del infaltable tinto mañanero, lo primero que lee es la sección de ‘Hace 100 años, Hace 50 años, Hace 25 años’.
Sin ayuda de lentes y con una memoria privilegiada, a sus 82 años, don Miguel Ángel, oriundo de Aranzazu, Caldas, recuerda que tenía 10 años cuando en su pueblo natal lo cogió la noticia del asesinato del líder Jorge Eliécer Gaitán, el 9 de abril de 1948, cuando el periódico valía tres centavos.
Dice que cursó hasta tercero de bachillerato, no porque hubiera sido malo para el estudio, sino porque le gustaba más la plata, y quería crecer rápido para sentarse con esos señores que en los cafés se regodeaban hablando de negocios o arreglando el país a partir de los titulares de prensa.
Don Miguel Ángel, que de joven se ganó el sustento vendiendo fruta, que trabajó hasta 1967 en el grupo de extranjería del DAS y que de ahí salió para independizarse como comerciante, primero en la plaza España, y luego en Corabastos, en 1972, de la que se precia ser uno de sus fundadores, asegura que es lector de EL TIEMPO desde la adolescencia.
Hasta hace unos años, manifiesta, conservaba ejemplares de antología como el de la firma del pacto del Frente Nacional, entre Alberto Lleras Camargo y Laureano Gómez, para la alternancia del mandato de los partidos liberal y conservador; del asesinato del presidente estadounidense John F. Kennedy; la edición especial de Gabriel García Márquez cuando ganó el Premio Nobel de Literatura, entre otros.
“Tenía un archivo enorme, pero los trasteos obligaron a evacuarlos”, sostiene el veterano lector.
(Además: 2010-2021: el gran salto en innovación en EL TIEMPO)
Aunque su nieta adolescente le insiste que puede leerlo en el celular, sin necesidad de madrugar a recogerlo en la portería, ya es demasiado tarde para que don Miguel Ángel rompa con una costumbre de toda la vida.
“Me desconocería si de la noche a la mañana cambio una rutina que vengo siguiendo desde mi juventud. Aplaudo las ayudas tecnológicas, pero hasta que Dios me lo permita seguiré la tradición del periódico de papel. Ese disfrute incomparable de acompañar la lectura con un buen tinto”.
Lectora y coleccionista
Gladys López, 26 años como suscriptora. Foto:Archivo particular
Gladys López completa este 2021 26 años como suscriptora del periódico, siendo una de las más antiguas desde que esta Casa Editorial creó el modelo de lealtad para sus suscriptores 31 años atrás.
“Me suscribí porque me parecía muy interesante el periódico, lo leía antes de salir a trabajar o cuando llegaba en la noche. Los fines de semana le dedicaba más tiempo y destaco que me ha dejado muchas enseñanzas”.
Ahora, con más tiempo, le gusta sentarse en su sofá hacia las 7:30 a. m. para recorrer con detalle y página por página la variada oferta de información que tiene EL TIEMPO. Una tarea que puede durar hasta cuatro horas en completar.
“Me gusta leer todos los temas, en especial salud, tecnología y política”, explicó Gadys, quien también ha sido apasionada por hacer las colecciones. Libros, inglés, del papa Francisco, la mesa de Navidad, son algunas de las que ha completado.
46 años ‘pedaleando’ para llevar noticias
Carlos Rincón es el distribuidor más antiguo que tiene actualmente el periódico. Foto:Mauricio Moreno / EL TIEMPO
Montado en su bicicleta, cada madrugada, Carlos Rincón reparte cerca de 170 ejemplares del periódico en el sector del 7 de Agosto. Lo ha hecho sin falta, desde hace 46 años, convirtiéndose en el distribuidor más antiguo de esta Casa Editorial.
Cuenta que aprendió este oficio de su padre, pues de niño lo ayudaba a entregar los periódicos en barrios como el J. Vargas, Modelo o Bella Vista, así le tocara enfrentar las frías madrugadas.
A las 2 de la mañana, este padre de dos hijos comienza una jornada que termina hacia las 5:30 a. m. como repartidor, con la firme intención de que los suscriptores y locales de su zona siempre tengan temprano su diario.
Desde que tenía 15 años logró distribuir sus horarios para trabajar en las mañanas y estudiar en las tardes. De esta forma y gracias a su trabajo, explica, pudo terminar el colegio, estudiar inglés, terminar la universidad y hacer una especialización. “Estoy muy agradecido con la empresa porque nos motivan y apoyan para terminar los estudios”, añadió.
Ese talante para trabajar y estudiar que lo ha caracterizado hace que, al día de hoy, luego de distribuir los ejemplares, se pueda dedicar a lo que estudió: la docencia. “Llego de la zona, descanso un rato y a las 7 a. m. ya estoy sentado (ahora virtualmente por la pandemia) con mis muchachos”, aseguró Carlos, y precisó:
“Enseño inglés, español y música. Mi hobby es tocar la guitarra y hacer canciones de música colombiana, boleros y guabinas”.
Además, destaca su amor por la lectura: “Gracias a mi trabajo y a mi padre que me enseñó a ser un buen lector, siempre saco un espacio para leer el periódico; lo que más me gusta son las editoriales”, concluye sonriente.
El trabajo de Josefina
Josefina Serna, voceadora. Foto:César Melgarejo / EL TIEMPO
Todos los días, ya sea bajo la lluvia o un fuerte sol, Josefina Serna, a sus 86 años, recorre con un carrito de mercado lleno de periódicos las calles del barrio 7 de Agosto. Siempre va uniformada con su chaleco y gorra. Y explica que en los mejores días puede vender hasta 90 periódicos.
“Yo no soy famosa, pero soy muy popular en el sector y me conocen como la abuela”, asegura entre risas. A pesar de que enviudó joven y quedó sola a cargo de sus cuatro hijos, gracias a su trabajo como voceadora pudo sacar a su familia adelante.