Este gobierno se ha caracterizado por hablar permanentemente de “ellos” y “nosotros”. Y estas palabras, en todas sus versiones bajo un rol de Estado, son: inapropiadas, ilegítimas y autodestructivas. “El mayor tesoro del hombre es la lengua cuidadosa”, dijo Heliodo.
Inapropiadas. Con frecuencia regalo un pequeño libro, El peligro de la historia única, casi siempre con una nota en la tercera página y el atrevimiento de dos subrayados: “El relato único crea estereotipos, y el problema con los estereotipos no es que sean falsos, sino que son incompletos. Convierten un relato en el único relato”. Y más adelante continúa. “La consecuencia del relato único es la siguiente. Nos dificulta reconocer nuestra común humanidad. Enfatiza en qué nos diferenciamos en lugar de en qué nos parecemos”. Esta es la reflexión que la bella y genial escritora nigeriana Chimamanda Ngozi Adichie propone en una charla TED, siendo ya considerada una de las mayores exponentes del feminismo contemporáneo. Conclusión: el estigma es injusto.
Ilegítimas. Colombia es una sola palabra. No tiene “ellos” y “nosotros”. Es un “todos” unidos sobre un mismo territorio entre diferentes. La diversidad celebra por un lado la riqueza humana, pero, por otro, es verdad, dificulta el entendimiento de las perspectivas sobre las que se basan las opiniones y proyecciones. Realidades heterogéneas, sin duda, ni mejores ni peores, son necesariamente la vida de la montaña, del mar, la selva y la sabana. Cada lugar con sus identidades, memorias y retos, pero quien reconoce sus complejidades y posee nobleza en el alma luchará por el encanto de la diversidad y el encuentro de las asperezas.
El Pacto Histórico arriesga una oportunidad: dejar huella con liderazgos alternativos que propongan experiencias inspiradoras de equidad e inclusión.
El Presidente, la Vicepresidenta y su gobierno están olvidando el mandato electoral integral detrás de las cifras que los posicionaron en las elecciones presidenciales del 2022, en un proceso propio de una sociedad democrática que reconoce y espera respeto, por los resultados. El conteo entregó un triunfo claro, 49 % de los votantes de segunda vuelta a Gustavo Petro y Francia Márquez, quienes bajo juramento se convierten, de “todos” los colombianos, en los lideres por cuatro años. Sin estigmas. Estos mismos datos expresan, además, que más de la mitad de la población se abstuvo de participar, no le interesó (58 %). Que no había opciones pertinentes y se quedaban en blanco (2,2 % de los votantes). Y, con un peso del 46 %, que deseaban otro proyecto político. Conclusión: el estigma no honra la elección.
Autodestructivas. El Pacto Histórico arriesga una oportunidad: dejar huella con liderazgos alternativos que propongan experiencias inspiradoras de equidad e inclusión, pero el discurso de etiquetas los está poniendo hoy, precisamente, en el terreno de la discriminación y la segregación. Se convirtieron en una contradicción actuando desde la arrogancia, decepcionando seguidores y aislando a sus contradictores.
El ego, mal consejero, se centra y cierra en el yo que impone una única mirada que mutila los sentidos y construye barreras impenetrables a las ideas y sentimientos de otros.
¿Qué delata del actual gobierno con tanto uso de estigmas? Es verdad que el ego, como afirma Bill Wash, puede surgir cuando la seguridad se deforma en arrogancia, la asertividad en obstinación y la confianza en descuido. Pero también podría surgir como escudo ante la ignorancia, a la hora de asumir una tarea difícil, miedo al error, o incapacidad de ejecución. Las campañas, al final, son un discurso abstracto, mientras que gobernar es un ejercicio de hacer, concreto.
Conclusión final: sin estigmas está lo correcto y la oportunidad para dejar de ser tan “de malas”. Da curiosidad el final elegido por estos líderes al cierre de su mandato según la sentencia de Anne Lamott: “La evidencia esta entregada y usted es el veredicto”. Disociar es un fracaso en la historia.
MARTHA ORTÍZ