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La población de Colombia que celebra la Navidad en febrero y honra al Niño Dios negro
En Quinamayó, sus habitantes conmemoran la libertad de sus ancestros en época de esclavitud.
En Quinamayó, un corregimiento del suroeste de Colombia, la Navidad no se festeja en diciembre, sino en febrero.
En esta comunidad afrodescendiente del Valle del Cauca, la celebración del Niño Dios negro es una tradición que conmemora la libertad de sus ancestros, quienes en la época de la esclavitud no podían disfrutar de la festividad en la fecha convencional.
Con música, bailes y una procesión que recorre las calles del pueblo, los habitantes recuerdan sus raíces y celebran la herencia cultural que los define.
Un festejo que nace de la resistencia
Los antepasados de Quinamayó llegaron desde África como esclavos y trabajaban en las haciendas de caña de azúcar. Sus amos les prohibían celebrar la Navidad el 25 de diciembre, pero tras 40 días, cuando finalmente les concedían un respiro, se reunían para festejar el nacimiento del Mesías.
En esta población, Jesús es representado como un niño negro, símbolo de identidad y orgullo.
Mónica Carabalí Lasso, una de las seis "cantaoras" del evento, expresa la emoción de este evento en una entrevista a EFE en 2023: "Esto es mi vida, cuando suena la música me corre una corriente por todo el cuerpo. Es recordar mis ancestros, es recordar a mis abuelos, a nuestros esclavos. Celebrar que hoy somos libres, que somos felices".
Miles de personas celebraron la Navidad en febrero y con ella el nacimiento del Niño Dios afro. Foto:Juan Pablo Rueda Bustamante / El Tiempo
La gran procesión del Niño Dios negro
Cada febrero, los habitantes y aquellos que han migrado a otras ciudades regresan para vivir esta fiesta. La jornada inicia con una oración en una casa del vecindario, donde se encomienda que la celebración transcurra sin inconvenientes. Con la frase "que sea para bien, amén", los asistentes marcan el comienzo de la procesión.
Más que un desfile, este recorrido es una manifestación cultural llena de ritmo y color. Una agrupación de 13 jóvenes, conocida como "Los Jugueritos", es la encargada de animar con tambores, percusión, saxofones y clarinetes.
"Febrero es el mes preferido para nuestra comunidad. Es nuestro diciembre, prácticamente. Aquí todas las familias se unen para que sea un éxito total el recorrido que se va por todas las cuadras del pueblo", cuenta Mónica.
Las calles empedradas se llenan de baile y polvo mientras los asistentes cantan y gritan: "Al Niño Dios hay que adorar".
Durante cuatro días se vive una fiesta, donde participan niños, adultos y mayores. Foto:Juan Pablo Rueda Bustamante / El Tiempo
La 'juga' y el significado del Niño Dios negro
Uno de los elementos centrales de la celebración es la 'juga', un ritmo que, según los relatos, servía para aliviar las penas de los esclavos. La palabra tiene un doble significado: "juga", porque su baile genera un ambiente festivo parecido a un juego; y "fuga", por la huida de muchos esclavizados que lograron formar comunidades libres en el Valle del Cauca.
Sergio Carabalí, ha participado en el evento desde su infancia y ahora toca el clarinete en la orquesta. "Esto es la vida misma, yo quiero vivir aquí por siempre y morir junto a mi gente", expresa con entusiasmo.
La llegada del Niño Dios negro a su altar es un proceso meticuloso. La procesión inicia recogiendo a las "cantaoras", quienes llevan el ritmo de la celebración. Luego se integran María y Jos", guiados por una niña vestida como la "estrella de oriente".
Doce niños disfrazados de ángeles acompañan la procesión, mientras otros pequeños caracterizados como soldados custodian la figura sagrada.
A medida que avanza, el cortejo se vuelve más numeroso y recoge a los "padrinos", tres jóvenes vestidos de gala que tienen el privilegio de cargar al Niño Dios en una canasta dorada. Cuando finalmente llegan al "Portal de Belén", cerca de la medianoche, se realiza la representación simbólica del nacimiento de Jesús.
Así se vive el evento. Foto:Juan Pablo Rueda Bustamante / El Tiempo
El momento culminante
La atmósfera se llena de emoción cuando el Niño Dios negro entra en escena. Dos adultos disfrazados de mula y buey lo acompañan en el tramo final del recorrido, iluminado por la luz de 12 antorchas. Las discotecas del pueblo apagan su música para dar paso a la 'juga', los aplausos y los cantos.
"¡Ya nació el Niño, al Niño hay que adorar!", gritan los asistentes mientras la imagen es llevada hasta su altar. Finalmente, los padrinos colocan la figura en su lugar, se entonan varias 'jugas' y se realiza una última oración antes de que la fiesta continúe.
EFE.
Con sus artesanías, los indígenas del Meta mantienen el legado de sus antepasados
*Este contenido fue reescrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en información de EFE, y contó con la revisión de un periodista y un editor.