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Higiene menstrual sigue siendo un lujo para las mujeres mas pobres: informe
Muchas mujeres alrededor del mundo gestionan su menstruación con métodos no adecuados.
Las probabilidades de concebir en los días inmediatamente anteriores a la menstruación son aún más bajas Foto: iStock
La menstruación, ese proceso biológico natural que ocurre cada mes en la vida de muchas mujeres, sigue generando tabúes, estereotipos y estigmas alrededor del mundo.
Miles de mujeres y niñas que actualmente están menstruando carecen de productos de higiene. Para ello, están reutilizando productos viejos, usando periódicos, papel higiénico, calcetines, trapos, hojas, barro y otros elementos inadecuados para recoger su flujo menstrual.
Según datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), más de 1.800 millones de mujeres en el mundo se encuentran en edad de menstruar. Para tener una idea de lo que significa este número, bastaría con decir que, actualmente, casi un millón de mujeres andan con su periodo.
Organismos internacionales calculan que 500 millones de mujeres en el mundo no tienen a productos de higiene menstrual, gestión de residuos o condiciones apropiadas.
Precisamente, esta situación que viven muchas mujeres se conoce como pobreza menstrual, y no es más que la falta de a productos de higiene sanitaria por problemas económicos.
Sin embargo, para el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) el concepto va más allá. Considera que la correcta implementación de higiene menstrual implica el uso de material limpio para absorber o recolectar material menstrual y que pueda ser cambiado en tiempo y forma, de manera privada con a jabón y agua para higienizar el cuerpo y lugares propicios para el desecho de los materiales utilizados.
Las manchas de sangre menstrual son normales durante el entrenamiento para dominar la técnica del sangrado libre. Foto:iStock
La gestión de los días de sangrado y el costo de menstruar genera mayores desigualdades que afectan especialmente a las poblaciones más pobres. Si se toma en cuenta que la menstruación suele iniciar entre los 10 y 15 años y termina entre los 45-55 años, y dura entre 3 y 7 días al mes, una mujer pasa aproximadamente 3000 días de su vida menstruando, lo que equivale a entre 7 y 8 años. Esto significa que una mujer a lo largo de su vida necesita utilizar más de 9.000 toallas sanitarias.
De acuerdo con la Unicef, cuando ellas tienen que usar materiales que no fueron hechos para absorber la menstruación, o no los cambian por lo menos unas cuatro veces al día, surgen problemas de infecciones e irritaciones de piel.
Esta situación, además de problemas de salud, vulnera otros derechos humanos como el derecho a la educación y al trabajo. La limitación de estos derechos está intrínsecamente relacionada con los precios de los productos de higiene femenina, que los convierten en artículos prohibitivos para millones de mujeres en todo el mundo.
Los problemas económicos no son los únicos, las mujeres y personas que menstrúan también tienen que hacer frente a la discriminación, que se traduce en las dificultades que supone andar con el periodo cuando el entorno no está habilitado para ello, especialmente en lo que respecta a espacios públicos, laborales y escolares.
Se trata de una incapacidad que podrá solicitarse con el médico de cabecera de cada mujer. Foto:iStock
Un mal de muchas
“Las desigualdades sociales que existen en los países latinoamericanos provocan que muchas niñas y adolescentes que no cuentan con los recursos necesarios gestionen su menstruación con métodos no adecuados o, incluso peor, no puedan gestionarla y su vida se vea afectada, por ejemplo, dejando de asistir a la escuela”, comentó Paula Villaseñor, directora de Comunicación Corporativa de P&G Centroamérica y el Caribe.
Esta falta de a toallas femeninas afecta la vida de diferentes maneras. En un lapso de seis años, las niñas pueden perder alrededor de 360 días de escuela, es decir, casi un año completo, debido a la pobreza menstrual.
Para muestra un botón: casi una de cada 10 niñas latinoamericanas deja de ir a la escuela por completo, debido a que es incapaz de gestionar su ciclo menstrual de forma digna y saludable.
De acuerdo con encuestas realizadas por la propia Unicef en diferentes países de la región latinoamericana, un 55% de las niñas reportan no sentirse cómodas yendo a la escuela durante su periodo menstrual, 34,8% no saben nada de la menstruación antes de su primer ciclo, 45% no saben de dónde proviene el sangrado y un 73% quisiera tener a productos gratuitos como toallas, papel higiénico, jabón y pastillas para los dolores menstruales.
Para quienes practican el sangrado libre, esta opción abre las puertas al autoconocimiento. Foto:iStock
Pero esto no solo sucede en países que se pueden considerar en desarrollo. Se calcula que, en Europa, un 46% de las mujeres ite haber faltado a la escuela por tener la regla y una de cada cuatro mujeres debe decidir entre la compra de productos de higiene íntima y alimentos.
En Estados Unidos, una de cada cinco niñas falta o deja la escuela por no tener productos de higiene menstrual y casi el 47% de las mujeres pobres (aquellas con ingresos por debajo de la línea federal de la pobreza), un número muy similar al europeo ha tenido que escoger entre la comida de un día y la compra de un producto de higiene menstrual. Una de cada diez mujeres en el Reino Unido no puede pagar el costo de las toallas higiénicas.
Organizaciones como Period, dedicadas a luchar contra la pobreza menstrual en todo el planeta, considera que “las políticas existentes son limitadas y reducidas en cuanto a posibilidad de garantizar un desarrollo integral para las mujeres, es el caso de la menstruación. Hoy son pocos los países del mundo que han implementado procesos a nivel nacional que beneficien a las personas menstruantes”.
Una de las causas principales de la pobreza menstrual es la ya famosa tasa rosa, la cual deja en evidencia que los productos de higiene femenina son considerados un lujo y no un bien necesario para garantizar la salud.
En los últimos 10 años países como Canadá, Sudáfrica, Ruanda, India, Colombia y Reino Unido empezaron a facilitar el a productos de gestión menstrual a través de la reducción o eliminación del Impuesto sobre el Valor Agregado (IVA). En América Latina, Colombia fue el primer país para eliminar este impuesto a los tampones y las toallas higiénicas.
El proyecto de Monica Lennon en Escocia es el inicio de la discusión sobre la menstruación como un factor político y social. Foto:Hazel Mead
Sin embargo, la reducción de los impuestos no resuelve el problema. “El problema de la pobreza menstrual concierne educación, a productos, infraestructura y legislación. Los impuestos pueden ser una parte del problema, pero no es el principal, la labor para erradicar la pobreza menstrual debe hacerse en todas las áreas” explicó Paula Villaseñor de P&G.
Las ONGs que trabajan en el terreno son conscientes del drama al cual se enfrentan las mujeres cada mes. Organizaciones como Period proponen “el a insumos de gestión menstrual de manera sostenible, igualitaria y gratuita, incluidas las opciones desechables o reutilizables tales como: toallas sanitarias, tampones, copas menstruales, esponjas marinas, ropa interior absorbente y todo producto menstrual que pueda desarrollarse en el futuro”.
Durante los últimos años, en apenas cuatro países del mundo se han tomado medidas más allá de la reducción del IVA. Escocia fue el primer país en el mundo en dar sin costo a toallas sanitarias y tampones. Desde el 2018, este país entrega insumos menstruales sin costo en escuelas y universidades. A esta iniciativa se sumó Francia y Nueva Zelanda, que también hacen entrega de productos menstruales sin costo en sus escuelas y universidades para reducir el abandono de las aulas.